¿Por qué le tenemos tanto miedo al no? "Son 50 y 50", nos dijeron tantas veces, "el no ya lo tenés", "¿y si es un sí?", "¡arriesgate!" Y lo hacés. Juntás valor y te jugás todo.
Y es un no. Un no que querías con todo tu ser que fuera un sí.
No le tenemos miedo al no. Le tenemos miedo al dolor. Porque un no, cuando queremos un sí, duele y mucho. Duele el alma, el corazón, todo el cuerpo. Dos letras que pueden tener la fuerza de un tren cuando te pasan por arriba salidas de esa boca de la que querías un sí.
El no se vuelve decepción, desilusión, tristeza, angustia... dolor, que te parte en dos o te desgarra en mil. Te rompe y te deja ahí preguntándote cómo vas a hacer para juntar tus pedazos y rearmarte, si vas a poder.
Y vas a poder. Así como juntaste valor para arriesgarte, vas a juntar tus partes rotas y unirlas de nuevo.
Esta vez fue un no. Quizá la próxima.
Comentarios
Publicar un comentario