Volví a escribir. En realidad no es que hubiera dejado de hacerlo, sino que no me salía como ahora. Dicen que son etapas. A veces, falta de tiempo. Rutina, la locura diaria.
Pero cuando llevás algo contigo, adentro, en algún momento siempre sale otra vez a la luz.
Evidentemente mi ave Fénix renace de las cenizas del dolor. Escribo mejor cuando estoy triste. Y escribo más. Es como que las palabras brotan solas, como el agua saliendo de un caño roto que no podés parar. Moja todo, también te moja a vos. Quizá sea mi forma de llorar sobre papel. Catarsis, le llaman. Dicen que sirve. A mí, al menos, me hace sentir menos sola.
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